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ALBERTO AGUILAR

 
   
     
  Conferencia.  
 

"EL MITO DEL PLANEAMIENTO ESTATAL. HOMENAJE A LA CONSTITUCION ARGENTINA DE 1853"

 
 

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Por Alberto Aguilar

Conferencia pronunciada durante el mes de Mayo del año 1978 en el Círculo de la Libertad de la República Argentina. Dijo el diario La Nación: "El Círculo de la Libertad tributó un homenaje a la Constitución Nacional de 1853, durante una comida de compañerismo que se sirvió en los salones de la Cámara de la Construcción. Asistieron a la reunión, personalidades y representantes de entidades cívicas, entre ellos el contralmirante "RE" Carlos E. Sánchez Sañudo; los Sres. Raúl Lamuraglia, Isidoro Ruiz Moreno, Horacio García Belsunce y Nicolás Sansaverino. Habló el Dr. Ruiz Moreno para referirse al sentido del homenaje y presentó al orador el titular del Círculo, Sr. Rodolfo J. W. Vinelli. Finalmente, el Sr. Alberto Aguilar habló sobre "El Mito del Planeamiento".

 
 
 

            Un viejo fantasma recorre nuevamente nuestra República: El Fantasma del Planeamiento. La idea de que el planeamiento social constituye la “panacea” a todos los males que nos aquejan, representa el gran mito del siglo veinte: El Mito del Planeamiento.

            Si el comunismo es el enemigo número uno, el planeamiento institucionalizado, es el enemigo número dos de la libertad humana. ¿Y qué es la libertad? Se han ensayado multitud de definiciones para explicar, lo que es la libertad; sin embargo, propongo un camino para que descubramos qué es la libertad. ¿De quién se necesita ser libre, o mejor dicho, respecto de quién?¿Quién ha esclavizado al hombre durante milenios?¿Quién ha amordazado sus ideas, sus expresiones, trabado su camino, silenciado su espíritu? La respuesta nos llega asombrosamente como un resplandor repentino en las oscuras noches de la historia humana: ¡los otros hombres! Son “los demás hombres”, erigidos en gobiernos, en imperios, en reinados o en pandillas protectoras, los que pueden (y en la realidad así lo hacen) privar de la libertad a un hombre.

            De manera que libertad significa simplemente, ser independiente, ser libre de los demás hombres; y la verdadera función del gobierno es procurar que así sea.

            Nuestros primeros antepasados, vivían colectivamente, acatando sumisamente las decisiones de un cacique o de un jefe y marchaban juntos, cazaban juntos, juntos se defendían y juntos dormían. El hombre primitivo, el hombre tribal era gregario, era colectivista, era dependiente.

            Precisamente lo que caracteriza al hombre civilizado moderno del que vivía en tribus es el grado de independencia mental y personal a que ha llegado.

            Desde los albores de la historia hasta nuestros días, es característica predominante de la raza humana la vertical sumisión de todos a la omnipotente voluntad de unos pocos, o de uno solo; tal ha sido la forma en que ha vivido la humanidad hasta nuestros días. Se podría afirmar sin temor a exagerar que la historia del hombre es la historia de la sumisión humana, sumisión al cacique de la horda, al Faraón de turno, al Emperador, al Rey, al Führer, al Líder o al Presidente o a cualquiera que, arrogándose cualquier título, se atribuía el derecho de dirigir a los demás, ordenar a los demás, planificar a los demás; porque cuando un gobierno planifica (nadie se llame a engaño ni sepa de no ver claro en este asunto), sólo puede planificar vidas humanas, sólo puede planificar a seres humanos.

            Los que controlan el planeamiento institucionalizado hoy, pueden no estar mañana y seguro que así será; nada es eterno y menos lo son los cargos públicos: la historia del mundo así lo demuestra. La creación de una institución gubernamental destinada al planeamiento colectivo hoy, puede  ser la piedra fundamental para los futuros “Soviets” del mañana. Lo trágico está representado por los hombres públicos de buena voluntad de hoy, que lamentarán horrorizados, mañana, el planeamiento colectivista comunista a que arribarán fácilmente sus sucesores, utilizando simplemente el camino construido que no será ni más ni menos que el “Camino de servidumbre”, como titulara el Premio Nobel Friedrich von Hayek a su profundo análisis del proceso.

            Lo más extraño e indigno de la historia del hombre, es esa autocomplacencia irreflexiva e irresponsable de conformarse vivir, o sobrevivir, en este estado de cosas, llegando al colmo de buscar siempre con qué llenar cualquier vacío de poder, de liderazgo en cualquier época, en cualquier lugar de la historia. ¡A Rey muerto, Rey puesto!, ¡El Rey ha muerto, viva el nuevo Rey!, ¡El Presidente ha muerto, viva la nueva Presidenta!

            El hombre civilizado, el verdadero hombre civilizado es aquel que no acepta ninguna autoridad moral sobre su mente, ni sobre su futuro, y no concede a nadie semejante derecho y tampoco pretende arrogárselo él respecto de otro; es verdaderamente un hombre libre y piensa por sí mismo, planifica su vida, su familia, su carrera o su empresa, decide por sí mismo, actúa por si mismo y cosecha el propio resultado de sus propias acciones sin dar cuenta a nadie de sus actos, excepto a su Dios o a su soberana mente racional.

            A los pueblos que necesitan vivir, o buscan vivir, todavía en este moderno siglo veinte bajo la férula de algún tipo de autoridad planificativa de sus vidas, o de liderazgos de nuevos Mesías, de nuevos redentores sociales, no se les puede conceder el título ni de Pueblos libres, ni de Pueblos civilizados.

            Aquellos de entre nosotros que necesitan y claman por la presencia de un “Líder”, de un “Primer hombre”, de una “Organización Societaria” o una “Sociedad Planificada” -en lugar de un sistema de vida basado en la Libertad, Voluntario, Espontáneo y Natural- ansían ni mas ni menos que el regreso al pasado prehistórico del hombre, a épocas hundidas y superadas de la historia humana.

            Existen varios motivos que impulsan a algunos gobernantes a pretender planificar correctivamente la vida de los demás; uno de ellos es el ansia de poder; del poder por sí mismo, del poder liso y llano, el poder sobre las conciencias, las propiedades, los Bienes y las vidas de todas las personas. Estos hombres, de noche sueñan imaginándose a sí mismos encaramados en la cúspide de su organización social, gozando de títulos, jerarquías e influencias y ocupando sitiales a los que en una sociedad libre y productiva jamás podrían arribar. Una segunda clase pertenece a los que ignoran olímpicamente las enseñanzas de la ciencia económica y a la realidad de la naturaleza humana; son esos mismos hombres que jamás han contemplado un firmamento estrellado con mirada inquisitiva, pues piensan que todo ese enjambre de puntos chispeantes, conforman un caos aparente, el que ante la paciente investigación y estudio del astrónomo, o del físico se esfuma, para dar paso al conocimiento de la absoluta existencia de una armonía universal e infinita; armonía física y matemática.

            Los hombres ignorantes en materia económica creen que el mercado libre, con sus millones de manifestaciones cotidianas, conforma como ese universo estrellado, otro caos universal pero de índole económica y se abocan de lleno sin más, a someter a su suprema dirección todos los resortes, y proceden a suplantar todas las decisiones de los consumidores obreros y empresarios por las suyas propias.

            El planeamiento institucionalizado en la práctica se traduce en planes anuales, trienales, quinquenales, controles estatales, provinciales y municipales, prohibiciones, permisos, privilegios, licencias, racionamientos, multas, inspecciones, cuotas, concesiones, asignaciones y así sucesivamente, centralizando toda la economía en manos de unos pocos funcionarios, con un poder omnímodo sobre las vidas, sobre los gustos, sobre los deseos y sobre las decisiones de todos los ciudadanos.

            El planificador social es el más paternalista de todos los colectivistas; odia el mercado libre y la misma libertad y pretende sustituir las millares de decisiones y transacciones espontáneas, voluntarias y libres de la sociedad de mercado por los inefables deseos de su equipo de colaboradores y por él mismo. Existe y existirá siempre un antagonismo moral entre planeamiento social y libertad.

            Planificar la producción, la distribución y el cambio de los bienes y servicios de la actividad económica como un todo y con sujeción a un planeamiento central, no tiene otro nombre mas que Socialismo, y esto es exactamente lo contrario al sistema de libertad que consagra nuestra sabia Constitución de 1853.

            Los que institucionalicen el planeamiento hoy, podrán ser hombres de buena voluntad, amantes de la libertad y de la Constitución. Pero si lo que anhelan realmente y desean para nosotros y para nuestra posteridad, es promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad, no será en base al planeamiento social, antítesis de nuestra Ley Suprema de la Nación, sino que bastará para alcanzar tales loables propósitos con derogar todas las leyes, decretos y ordenanzas que so pretexto de reglamentar los treinta y cinco principios, garantías y derechos consagrados por nuestra Constitución de la Nación Argentina de 1853 los han y alterado profusa e impunemente. Ese cúmulo de leyes, decretos y ordenanzas que aún continúan en vigencia, no solo violaron y continúan violando inconstitucionalmente el artículo 28º sino también muy especialmente el artículo 17º que consagra la propiedad privada y afirma que la misma es inviolable, y el artículo 14º que consagra el derecho de trabajar, de ejercer toda industria, de comerciar, de asociarse, y de usar y disponer de la propiedad privada inviolable (así como también han sido violados los otros treinta y dos artículos que conforman el capítulo único de la primera parte).

            Amén de este requisito imprescindible, bastará promover y permitir el planeamiento individual; ningún individuo podrá estar obligado a hacer lo que la Ley Fundamental no manda, ni privado de lo que ella no prohíbe.

            El planeamiento individual constituye la base misma de la vida en libertad.

 

 
 
  La Conferencia "El Mito del Planeamiento Urbano"
fue publicada íntegramente en el libro "Planeamiento Urbano" del Sr. Rodolfo J. W. Vinelli
en las páginas 292-293-294 y 295
 
 
 
     
     
     
 

 

 
         
         

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